lunes, 31 de mayo de 2010

Cuándo las luces se van parte 1

Vivo en una colonia como las demás, una que ha crecido llevandose con ella los árboles y los járdines para dar paso al cemento, casas, edificios de departamentos y asfalto.
En algunos sexenios el gobierno se acordó que no había áreas verdes y plantaban unos árbolitos que en la primera tormenta se caían, luego llegaba un nuevo gobierno y decídia que no había áreas recreativas así que nos ponian más cemento pero ahora pintado de verde para dar el aire a járdin. Y pusieron canchas de tennis, canchas de basket , canchas de boli y alrededor de estas un caminito para hacer ejercicio. Así que ahí uno podía pasar una buena tarde, fingiendo que se estaba bien, que el área era buena.
Siguió la colonia creciendo. Las canchas ya no tenían redes y el verde fue despintandose para darnos el color del cemento gris y frío. Ahora se juntaban banditas de chavos ahí a planear cosas no muy buenas, semana a semana desaparecía un niño, una luz se apagaba entonces en la colonia.
Cada vez mas obscura, la gente ya no se conocía, algunos viejos por ahí quedaban que se levantaban temprano a barrer la calle, a comprar en el mercado. Y a veces se paraban a platicar unos con otros comentando que como extrañanban los viejos tiempos, cuando uno en vez de barrer la calle regaba los járdines, cuando olía a Flores, cuando los pájaros cantaban.
Pero ahora era caminar de noche rápido, sin voltear hasta llegar a casa con el aliento saliendose por todos los poros. Cuando yo tenía como 16 años llegó el Ché a la colonia, un morochito bastante guapo, con ese acento que cada que hablaba hacía que yo me volviera loca.
El Ché era casi mi vecino, un poco más joven que yo de 14 pero casi no importaba. Ibamos a la misma prepa. Así que nos ibamos y veníamos en el mismo bus todos los días y de esta manera nació una amistad. Yo quería que se convirtiera en algo mas pero el morochito siempre estaba ocupado en otras cosas. Viviendo la vida , preguntandose porque las cosas eran cómo eran, un perfecto filósofo era mi Ché! Los fines de semana pasabamos horas viendo películas o hablando del ser, de la vida, de cosas profundas y yo moría de amor cada que se marchaba, tambien nosotros nos dímos cuenta de la falta de luces, semana a semana desaparecía una más. Cada vez menos niños jugando, cada vez mas callada la colonia.

Recuerdo que había un edificio grande de cristales ahumados abandonado. Daba miedo cada que pasaba uno por ahí, se oían murmullos, pero no había nadie. Siempre frío, oscuro, tieso. Cáda que teníamos que caminar por ahí le decía al Che que nos apuraramos, y él siempre me preguntaba el porqué! Y y siempre respondía igual no los é, me da miedo. Pero porqué te da a vos miedo, si no sabés que hay adentro. Y yo por eso Ché! Vamonos anda caminemos más rápido. Y así pasaron los años, cada vez mas callado, cada vez mas escondido, la colonia moría poco a poco, entre sus grises cementos y sus calles llenas de asfalto ya casi no había un niño afuera, ahora todos los que tenían hijos los resguardaban lo mejor que podían y aún así había algunos que no regresaban de la escuela.

1 comentario:

  1. Me encantó la historia. El morochito argentino y esta chulada que escribe tienen más historia que vivir. Las cosas cambian, todo se mueve... a veces, no se dan las cosas en determinado momento, pero no significa que el lazo se rompa.

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