Hoy desperté pesada. Sobre mi cuerpo dolorido, unos cien kilos arriba de mi no dejan que mi pecho suba y baje. En cuanto pude abrir los ojos advertí que respiro por instinto. Que hay un agujero negro que antes no existía. Un vacío en mi cerebro que no sabe ni que día es. Que pasó anoche? Y la semana pasada? Que estoy haciendo aquí tirada en la cama, que no puedo siquiera llenar de aire mis pulmones. Acaso pisé una mina?, me duele hasta el pelo. Quiero levantarme de la cama y ésta hace una esfuerzo para retenerme, las sabanas me abrazan y se enredan en mis piernas, afuera existe un hoyo negro. Con la mirada al techo, intento de nuevo levantarme, los brazos cual gruas y el sudor surca mi cara, hinchada, roja, caliente. De pie con el poco balance llego al espejo. Y casi caigo de bruces al ver ese rostro que no es el mío. De quién es este amasijo de carne hinchado?. Los ojos parecen dos albondiguitas , y esos aros negros que los recubren. Antes puedo ver. Intento reconocerme, el desierto en mi boca hace que al abrirla mis labios se partan, auch!!!. Que sed! Voy a la cocina por agua y mis piernas entran en el piso como gelatina, se sumergen y el sacarlas hacen que mi cuerpo sufra . Qué ha pasado aquí? Un huracán arrasó esto y yo perdida. Vuelvo a tratar de jalar aire, me duelen la espalda y los pulmones. Me siento con un jugo de naranja en una mano y con la otra me toco el pecho; porqué me duele tanto. Hay un soplido ahí, un eco, es un hoyo negro que no me deja respirar. En este momento puedo sentir perfecto la rotación de la tierra, y en mi estomago algo se mueve, se estira y se encoge y hace que me doble para sacar lo poco que queda dentro. Y, busco por la casa pistas de lo ocurrido. Y el hoyo negro que se ha pegado a un lado de mi cama se extiende, respira. Y sin poder entender muy bien que hace ahí o quién lo dejo, veo como las botellas aparecen vacías entre mis pies. El olor a cenicero hace que por poco vuelva a doblarme. Y un sabor ácido sube por mi esófago. Tengo que abrir la ventana, necesito aire. El velo en mi memoria empieza a resbalar. Fotografías desordenadas, sin tiempo cronológico, difusas. Un teléfono que timbra insistente, noche , gritos, llanto y dolor, mucho dolor, cómo duele carajo. Camino hacia la habitación recuperando gradualmente algo de fuerza, tengo frío. Las imágenes se tornan nítidas y me golpean cual cachetadas, los recuerdos me aplastan y vuelvo a jadear aire. Y solo hay espacio. Vacío, eso es lo que quedó aquí. Me levanto al baño y el espejo me devuelve una imagen que no es la mía, esa de enfrente llora y tiene el corazón desierto, mmm noo, creo que no soy yo, aunque me parezca tanto.El tic tac del reloj avanza como una balada lenta, estoy rodeada de espacio frío, en tus cajones, en el armario, tu sillón rojo que tanto odiaba es el que me abraza ahora y el espacio avanza cada vez mas y ni tú sillón me podrá salvar, los recuerdos se quedan atrás; no estoy segura siquiera de seguir aquí. Dónde me guardaste?, me perdí en el espacio de tu mente y tu maleta era muy pequeña para mi, quise esconderme en el bolsillo de tu pantalón pero no tenías lugar dónde meterme, simplemente sobraba en tu vida y me quede con el espacio de la cama, del cuarto, de la casa y ese maldito hoyo negro que respira y que se agranda y achica. He tratado de llenar el espacio con muebles, la cama con cojines y entre mas cosas pongo, más espacio aparece. Y esto sigue desierto. Si seguimos así creo que un día tendré que salirme porque el espacio vacío por fín invadió toda la casa.